lunes, 28 de septiembre de 2009

¿Por qué ya no puedo hablarte?

Cada noche sueño que vuelvo a empezar. Estoy en ese otro mundo, cuando todo eran cadenas. En esa otra vida. Y quizá pueda salvarte. Pueda salvarles. Y todo entonces sea diferente. No habrá el silencio que nos aleja. Se disolverá el rencor. Y el miedo. Pero luego despierto y me encuentro aquí, lejos de todo. Tarde para todo. También para mí.

Hay quien piensa que marché porque huía. Pero hace tiempo averigüé que nadie puede escapar de los fantasmas que acosan desde el pasado. Para acallarlos hay que enfrentarse a ellos. Mirarlos de frente y decirles que se vayan. Si yo no lo hago, no es por cobardía. Es porque no quiero que haya más dolor en el mundo. Y sé que nunca entenderéis que quiera desprenderme de vosotros como quien se desviste de viejos lastres. Nunca entenderéis que queme vuestros nombres y me cambie de forma. Que quiera desaparecer de la tierra para no tener que volver a sentiros. En el dolor del recuerdo. En la vergüenza de la memoria.

Aún me enfrento a mi imagen del espejo. Cada día me enfrento a la lucha eterna de no sucumbir a la tristeza. Porque hicisteis de mí un ser pequeño y asustado. Pero no lo acepté. Y me fui. Para siempre.

Pero no puedo huir de vosotros, ya que estáis dentro de mí. Así que me propuse matar a quien era. Desterrarla del mundo y convertirla en pasado. Pretérito perfecto simple. Yo fui. Ayer, hace diez años, en otra época. Fui. No soy ni seré. Sencillamente, se acabó. Porque ya no existo para vosotros. Porque ya no quiero seguir llevando esta carga. La de niña triste y abandonada. La del miedo a la vida. La del encierro.

Quiero que me dejéis tranquila. Que os olvidéis de mí. Que me enterréis en la memoria. Transformad mi viejo cuarto en un trastero. Tirad mis fotografías. Regalad mis cuadros. Romped mis escritos. Exorcizar mi sombra igual que hago yo con la vuestra. Porque no voy a volver. Porque mi voz no sonará de nuevo. Porque mis ojos no volverán a veros. Porque quiero que nunca más estéis dentro de mí.

Para olvidar: cada minuto de encierro, cada segundo de miedo, cada lágrima perdida, las noches en la comisaría, los días de hospitales, las duchas de agua fría (porque se me negaba el calor de las calderas), el hambre, la soledad, los abusos, la desesperación y el vacío.

Y quien no lo comprenda, ya puede mirar hacia otro lado.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Ascensor


Hoy le he sustraído una foto a una amiga de su blog sin su permiso (perdóname, Irene, porque he pecado). Pero es que no me he podido resistir. Refleja una de las grandes ironías de la vida. Os la dejo, con una pequeña explicación.

El cartel que se ve en la foto está puesto en las puertas de un ascensor. Dicho ascensor se ubica en las antiquísimas instalaciones del edificio de Telefónica (timofónica para los amigos) en Sagrera (Barcelona). Para hacernos una idea global, os hago un esbozo a vuela pluma: los operadores, a menudo, se han de llevar en el bolso o la mochila insecticida, porque les comen las chinches (es verdad, estos ojitos miopes lo corroboran: y llevaba gafas cuando lo vi). Las sillas son de los años 80, y ya llovió. Los ordenadores, bueno, esos creo que son incluso más viejos. Y todos los veranos, sin excepción (a veces también en invierno) ese cubículo que algún ilusionado ha bautizado como "ascensor" se estropea.
Está demostrado empíricamente que se va más rápido cuando subes por las escaleras. Y no lo digo por mí, una pseudo-atleta que hace 7 kilómetros diarios en la cinta de correr en el gimnasio. He contemplado a gente con un sobrepeso abrumador que ha sido capaz de ganarle segundos (e incluso algún minuto) a ese cacharro renqueante que te traslada verticalmente. No es habitual (gente con semejante volumen no es aficionada a las escaleras) pero juro por lo más sagrado que lo he visto.
Semejante cachivache se estropea cada dos por tres. Es verdad, los teleoperadores somos unos vándalos miserables. Pero ninguno tiene el grado de estupidez necesario como para cargarse su medio de transporte (hemos de añadir que hay mucho operador con sobrepeso, no se arriesgarían al ejercicio obligatorio). Sin embargo, como es lo más sencillo, se les culpa de los constantes fallos técnicos del aparato en cuestión. Así que nos ponen un cartelito, en plan él nunca lo haría, que dice: si me tratas con cuidado, no tendrás que subir andando. Y, claro, uno se ríe.

Contemplad la imagen adjunta mientras las siguientes palabras (que le dejé a mi amiga en el facebook) resuenan en vuestra cabeza:

Esa es una de las grandes mentiras del edificio de Telefónica, junto a la de "somos un equipo" y al mito urbano de: asciende quien es más profesional... bueno, nadie dijo de qué profesión hablaban


jueves, 24 de septiembre de 2009

Buenos días 22-sept.-2009

Hoy, en una serie que veía mientras comía, un personaje se planteaba si, en su lecho de muerte, se arrepentiría de no haber hecho nada importante o memorable, a lo que otro personaje le responde: "pasará un día en su lecho de muerte: los otros veinticincomil son por los que debería preocuparse. Acuéstese contento hoy".

Parece que no llegamos a entender que lo único importante o realmente memorable es haber sido feliz, haber conseguido que otros lo sean y estar en paz con uno mismo.

Hagamos una cosa, entre todos. Hagamos algo insólito, maravilloso y magnífico. Acostémonos contentos hoy.
Porque hay gente que nos quiere.
Porque hay gente que se preocupa por nosotros.
Porque todo lo que existe en el mundo está aquí, ahora. Dentro.
Porque hoy el sol ha salido y dentro de poco se marchará y habremos cumplido el sueño de volver a empezar.

Un abrazo a todos.

Mi tejado y mi casa han ardido; ya nada me oculta la luna que brilla
Haiku japonés (gracias, Jordi, por esta perla de sabiduría oriental).

Alzheimer

Hace poco, esta semana, fue el día mundial del Alzheimer, "la enfermedad del olvido". Se pusieron unos reportajes melodramáticos en las noticias y algunos nos quedamos meditando acerca de lo triste que resulta para los enfermos y sus familias ese retorno hacia la nada.
Al día siguiente volvimos a la gripe A, las broncas políticas, los asesinatos racistas y una sucesión de imágenes más o menos morbosas, más o menos impactantes. La pasarela cibeles, con sus modelos famélicas (este año no han hablado de la báscula); los tejemanejes de Benidorm o la tomadura de pelo que siempre son las grandes cumbres contra el cambio climático, que todos firman y nadie cumple.

Y nos olvidamos del Alzheimer.

Creo que dedicarle un día a un evento no es para hacer publicidad de él esa jornada y volverlo a guardar en el baúl, como si lo sacásemos a pasear una vez al año.

Como dijo Jean-Marie Gustave Le Clézio, premio nobel de literatura de 2008:

'En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para mujeres, que en la cura del Alzheimer. De aquí algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven'.

(Gracias, Ramón, por enviarme la frase)

Un saludo.

Ortografía en la red

En ocasiones soy muy intransigente. Es un hecho. Sobretodo en lo que se refiere a las palabras. Para mí siempre fueron el pilar de mi existencia. De pequeña pasaba horas con un diccionario buscando definiciones, o me perdía entre los conceptos de la gran enciclopedia Larousse. Oh, cuántos momentos maravillosos me ha proporcionado, mientras me deleitaba leyendo las formaciones estelares, las nebulosas de Orión o las biografías de personajes ilustres.
Sí señores: soy una freak. Ya lo he dicho alguna vez, todos tenemos nuestro pequeño freak interior.

Pero esa adoración por las palabras, la gramática y la ortografía me hace, como decía, intransigente. Una vez tiré un cuaderno de autodefinidos porque tenía una falta de ortografía enorme. En otra ocasión lo hice porque usaron mal la definición. A veces, ver las noticias conmigo puede ser exasperante, puesto que cada vez que un periodista comete un error lingüístico, ahí estoy yo para echarle a los perros y que se lo meriende.

Obviamente, cometo errores. Humano se nace. Como el otro día, que puse "escavarán" en vez de "excavarán". Con los ajenos, procuro hacer la vista gorda. Sin embargo, si entro en algún blog o algún foro de discusión y veo a los "hoigan", sí, han visto bien, esos que son incapaces de poner una "h" o una "b" en su sitio y que aprendieron a escribir con Manolito, el personaje más burro de Mafalda, me hierve la sangre.

Lo último ha sido un test del facebook. Vale que los que redactan ese test tienen una capacidad neuronal poco mayor que la de un oligofrénico, siendo amables, y que sus preguntas (que respondo sin pudor, soy aficionada a los test, por chorras que me parezcan) no servirán para nada más que perder el tiempo, pero hoy he visto una cosa que me ha revolucionado. Cierto es que me he levantado algo arisca, sacando las uñas como una gata. Un novio que tuve hace años me decía, en momentos como este, que era "dulce como un limón". Pero esto se merece una denuncia pública.

En la pregunta: ¿como compajinas con los demás? (sí señor, con j, en vez de con g. Eso se lo permitíamos a Juan Ramón Jiménez, que al fin y al cabo era un poeta), le siguen tres ítems y el primero dice: Habeces me dejo llevar por los demás...

He dejado de leer y he cerrado el navegador.

Afortunada 17-sept.-09

Soy, desde luego, muy afortunada. Hay cerca de mí y a mi alrededor gente especial, tocada por una dosis de optimismo no exenta de realidad. Ayer, una de esas personas especiales me envió un correo, del que saqué una frase atribuída a Pablo Neruda:

No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Esta persona, como dije, es especial porque siempre intenta mejorar. No quiere estar por encima de los demás, no quiere competir con ellos: busca ser mejor que él mismo. Es un filósofo, ahí donde lo veis.

Más allá del sol que hace esta mañana, aparte de tener trabajo (los que lo tenéis) o tiempo (los que nos hemos quedado sin trabajo, pero no sin oficio), hoy es un gran día porque a nuestro lado, en silencio y sin que a veces nos demos cuenta, hay gente maravillosa.

Un abrazo.

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera.
Pablo Neruda

Hemos vuelto (12-sept.-2009)

Hemos vuelto. Después de una etapa de oscuro silencio, regresamos con más fuerza que antes. Todo sirve para crecer.

He de reconocer que estuve muy irritada después del despido, más o menos procedente, y de las circunstancias que lo antecedieron. Realmente, más por ésto último que por invitarme cordialmente a abandonar la empresa.
Soy una persona que no soporta la ira y a quien le repugna el rencor. Considero que el rencor, de hecho, al final perjudica más a quien lo siente que a quien va dirigido. Se acumula en algún rincón del cuerpo y acaba enquistándose y formando un grumo insidioso que impide circular otras emociones más agradables. También es cierto que soy humana, con todo lo que ello conlleva, para bien y para mal. Así que he estado debatiéndome durante esta temporada entre el enfado y el deseo de disipar ese enfado.

Lo peor era no entender. Si sé por qué actúa la gente, independientemente de que esté o no de acuerdo, puedo dejarlo estar, aplicar el perdón como un linimento y pasar página. No comprender los motivos por los que se actúa con maldad es algo que ofusca. Porque sigo creyendo, con gran ingenuidad, que la gente no es en esencia mala, no existe la perversidad pura igual que no existe la bondad pura. Creo en el egoísmo y me parece normal y lógico que la gente actúe en su propio beneficio para alcanzar la felicidad. Pero la destrucción de otras almas por el placer de ver cómo se encogen hasta desaparecer, eso no lo concibo.
Así que estuve devanándome los sesos tratando de explicar las razones que a Roser Torlà Herrán le llevaron a hacer la vida imposible tanto a una compañera como a mí. Más aún cuando siempre consideré que era una buena persona. Pija, sí; algo tontita, sí. Egoísta, por supuesto. Pero buena, al fin y al cabo. Desconocía ese poso de crueldad que determinadas personas tienen y son capaces de esgrimir como arma contra quienes estorban su camino.
Ella consiguió que perdiera la sonrisa. Peor aún, consiguió que perdiera la fe en el mundo, la esperanza que siempre permanece como una luminaria en el fondo del ser. Hizo (y me ha costado mucho, muchísimo perdonar eso) que dudase de mi cordura. Porque, igual que en la película de "Luz de gas" (increíble Ingrid Bergman), ella conseguía cambiar las frases o los objetos para que pareciese que era mi cabeza la que no se hallaba en su sitio. Te lo inventas, decía. Son cosas tuyas. Eso no es verdad.

La Verdad, en mayúsculas, no existe, no hay una verdad única e irrefutable que nos guíe. Todo pasa por el filtro de nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestras percepciones. Pero hay hechos, no obstante, que pueden componer un puzle aproximado. Trabajar como teleoperadora y no disponer de teléfono, ordenador, silla ni mesa donde poder hacer algo es un hecho. Las contestaciones desabridas y la flagrante forma de ignorar mis palabras es otro hecho. Pruebas que alguien más inteligente o con más fuerza que yo pudo recoger para denunciar a este ser humano por mobbing. Olé.
Yo me quedé en el camino. El desgaste emocional que me produjo fue mayor del que imaginaba. Sobre todo por no entender. He pasado noches en vela preguntándome por qué. Tratando de hallar algo más profundo en un alma que carece, precisamente, de profundidad. Me costó mucho tiempo dilucidar que ella no es más que una mujer simple y superficial. Su mayor deseo es que los que la rodean le rindan homenaje constante; en el trabajo, tenía voz aquel que le decía lo guapa que estaba, lo divertida que era y le reía las gracias (más simples aún que ella). El problema aquí fue que no supe ver que no había nada más detrás. Le di un relieve y unos contornos a una piedra lisa y sin encanto. Una vez asumido esto, pude seguir adelante.
Desde aquí, y aunque ella no pueda leerlo porque no tengo su correo ni su dirección postal ni su teléfono, doy mi apoyo incondicional a Pilar, que tuvo el coraje de llevar a juicio (y amargar su plana existencia) a la señora Roser. De nuevo olé. Espero que algún día sepa que puede contar conmigo. Si el juicio aún no se ha celebrado, me pueden llamar como testigo, ya que estuve presente en los momentos en los que la ninguneaba como a un deshecho.
Y es que esta buena mujer, la tal Roser, desprecia a todos los que tienen opinión y hacen las cosas a su ritmo.
Le hicieron mucho daño a Pilar. Víctimas colaterales de una persona que no sabe quererse y necesita que los demás la alaben como a una diosa. Pero no somos dioses. Sólo somos gente de paso.

Una vez resuelto en mi interior esto, pude soltar el rencor, la ira y el temor que me produjo. Y, aunque las pesadillas me persiguen, como la sombra que me recuerda que el sol brilla al otro lado, ya no es ella la que las protagoniza. Puedo, por fin, pasar página. Qué necesario era para mí y para los que me rodean (sobre todo para Ramón, que vio cómo me opacaba y extraviaba el brillo de mis ojos hasta que no había más que abismo en ellos).

Desde aquí os doy las gracias a quienes me habéis sufrido y me habéis levantado. Gracias a Rafa y a Javi, por las sonrisas que arrancasteis de mis labios y por la paciencia de mis gestos mohínos. Gracias a Sara Elorza por ser la presencia vital que me da alas cuando la veo, con sus luces y sus sombras que hacen de su ser algo magnífico. Gracias a Katia por su incombustible energía, por su sabiduría electrizante y su gracia innata, un torbellino que desmonta tu mundo para que crees otro más sano. Gracias a Juan Pedro, por ser simplemente una de las mejores personas de este mundo, sincero, llano, directo y amoroso. Alguien a quien siempre me apetece abrazar y que tiene luz en sus hermosos ojos claros. Gracias a los que, en la distancia, han sabido dar rienda suelta a mis tribulaciones, porque saben que nada más que la soledad y el silencio pueden curarme cuando estoy herida, y lo respetan. A Virgilio, que está presente en mi vida a pesar de los kilómetros que nos separan y a quien quiero con todas mis fuerzas por ser inquieto e inteligente, parco en consejos, ya que conoce la importancia de éstos, y siempre dispuesto para ayudar y conversar. A Lorena, por su tierna alegría y por ser tan pizpireta. A mi madre, por el apoyo silencioso y perpetuo que me invita a seguir.A Irene, por ser mi hermana adoptiva y a quien quiero como a tal, siempre. A Laura (lapetitona) porque cuando recordaba su sonrisa melancólica y sus palabras honestas me apetecía continuar adelante. A María Ángeles por su locura y por la fuerza que se necesita para seguir con esa locura en los tiempos tan falsamente serenos que vivimos. A Sofi, mi niña Sofi, la sevillana más hermosa del mundo, porque tiene un corazón que no le cabe en el pecho y un gracejo que siempre te hace tintinear como una campanilla.
Y a Ramón, estrella polar de mi vida, ese faro siempre alerta, callado y firme, que me abraza cuando llego a puerto, dispuesto a cobijarme, y me respeta cuando me alejo por las procelosas aguas de mis turbulentas emociones, contemplando desde la barrera cómo lucho contra ellas y aguardando con paciencia a que regrese y abra las puertas de mi templo y le cuente mis secretos, mientras despliego un cuadro de colores otra vez nuevo y vibrante para él.

Como decía al principio, hemos vuelto.

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De todos los animales de la creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir.

John Steinbeck

Comprender es el principio de aprobar.

Spinoza

La ambición suele llevar a las personas a ejecutar los menesteres más viles. Por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse
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Jonathan Swift

Un hombre nunca debe avergonzarse por reconocer que se equivocó,
que es tanto como decir que hoy es más sabio de lo que fue ayer.

Jonathan Swift

For you, Javi

Ya sabes cómo es: naces y mueres con el ritmo de los días. En ocasiones te elevas y alcanzas el esplendor. Pero quienes tienen la fortuna de ver el paraíso en la tierra también viven la oscuridad de los infiernos. Es el estigma de los artistas.
Nadie sabe mejor que quien se desliza a través de la pintura que la vida está hecha de sombras. Nadie mejor que el artista será capaz de difuminarlas para que tomen forma y realcen la luz.

Fuera de alcance. A veces la existencia parece que esté al otro lado, en otro mundo. Te quedas como espectador mientras la vida avanza. Ves al resto de la gente construir sus horas, igual que si fueran pequeñas máquinas que no padecen, como tú, la soledad. Ves los sueños como fantasías que tienen el mal gusto de cumplirse más allá de tus fronteras. A punto de rozarte. Pero lejos todavía.
Y entonces qué haces con tus anhelos, te preguntas, si están contigo, fuera de alcance, también en esa sombra.

Pero eres artista. Los artistas crean su universo. No esperan, lo moldean. Cogen todo el material que conforma su ser y van desgranando figuras, paisajes, sonrisas y ausencias en un lienzo limpio, el que se ofrece cada nuevo instante que es una sorpresa perpetua, incluso en esa rutina que te retiene de la misma manera que una jaula al colibrí.

Vuela.. Lo creas o no, éste es tu momento.